martes, abril 3

A LLORAR A LA IGLESIA

El gobernador Jorge Obeid retoma los argumentos de Carlos Reutemann para intentar explicar las razones de la última inundación por lluvias de la ciudad de Santa Fe. Se trataría de una catástrofe natural ajena a la voluntad de los hombres. La excusa pretende minimizar la influencia de las obras prometidas y no realizadas en el sector oeste de la capital provincial. Mientras la gente pregunta porque el agua se acumula en los barrios, los funcionarios responden que no pueden manejar el clima. “Que lluevan 500 milímetros no me lo tienen que preguntar a mí sino a monseñor Arancedo”, dijo el primer mandatario. Sin embargo, un informe técnico encargado por el gobierno en el año 2003, advertía que lluvias extraordinarias serían un fenómeno frecuente para nuestra zona.

La historia se repite. Con los mismos argumentos utilizados por su antecesor en la Casa Gris, el gobernador Jorge Obeid intenta explicar que la inundación por lluvias de la ciudad de Santa Fe, fue una catástrofe natural donde la mano del hombre nada tuvo que ver. En abril de 2003, Carlos Reutemann se refugió en la tesis del fenómeno impredecible para escapar de sus responsabilidades. Cuatro años después, los funcionarios provinciales y municipales hablan de lluvias extraordinarias que no se pueden controlar. Pero en esta oportunidad todos saben que tienen poco margen para las justificaciones.

El domingo 19 de diciembre Jorge Obeid y Martín Balbarrey – ambos ingenieros – anunciaron desde el remodelado Puente Colgante una serie de obras que modificarían "en forma favorable el perfil de la capital y la calidad de vida de sus habitantes". Ante una multitud de santafesinos, los funcionarios prometieron: recuperar el Lago del Parque del Sur, la construcción de 4,2 kilómetros sobre la laguna Setúbal y el reacondicionamiento de los lagos reservorios del oeste de la ciudad. Esta última obra tiene el objetivo de acumular los excedentes hídricos provenientes de los desagües pluviales, para que luego, sean extraídos por bombeo fuera del anillo de defensas.

De todos los anuncios realizados en aquella festiva noche de 2004, el único que no se concretó fue el de los lagos reservorios del oeste, que de haber existido, hubieran mitigado el impacto del último temporal de lluvias.

Por eso no es casual que el gobernador y el intendente respondan que no pueden manejar el clima cuando el vecino inundado pregunta porque el agua se acumula en su barrio. El objetivo inmediato es desviar la atención de las promesas incumplidas y despegarse de las comparaciones con los sucesos de 2003.

“No se vuelve a repetir ninguna historia, porque nunca había llovido 480 milímetros. Pero no se vuelve a repetir, creo que hay que tener cuidado con las palabras”, dijo un ofuscado Jorge Obeid, apenas pisó suelo santafesino luego de su gira por Venezuela. “Esta no es una inundación que se preveía porque creció un río. Aquí llovieron en cuatro días lo que llueve normalmente en cinco meses y medio. De manera que este es un fenómeno inesperado”, remarcó el mandatario

Pero ante la insistencia de un periodista de LT9, por saber si esta inundación se pudo haber evitado, el gobernador descargó: “Que lluevan 500 milímetros no me lo tiene que preguntar a mí sino a monseñor Arancedo”.

Sin embargo, una parte de la respuesta que Jorge Obeid pretende encontrar en la Iglesia se encuentra escrita en un informe técnico encargado por el gobierno de la provincia en agosto de 2003.

“Repetición frecuente de eventos extremos”

Cuatro meses antes de terminar su gestión al frente del Ministerio de Obras y Servicios Públicos, Edgardo Berli – responsable de dicha cartera hasta el 10 de diciembre de 2003 – contrató a los ingenieros Haroldo Hopwood, Pablo Bronstein, Ronaldo Henning y Gustavo Vernet, para que realicen un estudio técnico denominado: "Aspectos hidrológicos e hidráulicos de la crecida del río Salado de abril-mayo de 2003". El trabajo costó 150.000 pesos, fue entregado un día antes que Carlos Reutemann comenzara su exilio en el Senado de la Nación, y actualmente forma parte de las pruebas entregadas por la Provincia en la denominada causa inundaciones.

El informe final tiene más de 700 fojas donde se analizan los antecedentes de lluvias, las crecidas históricas del río Salado, las obras ejecutadas en la ciudad, los pronósticos emitidos, y el proceso de toma de decisiones, entre otros aspectos. Entre las conclusiones más importantes, se destaca que de haber existido el Tramo III de la Circunvalación Oeste, la ciudad de Santa Fe no se inundaba.

Sin embargo, a partir de los acontecimientos hídricos que afectan a buena parte de la provincia, el informe de los ingenieros Hopwood, Bronstein, Henning y Vernet, adquiere nuevamente actualidad.

El trabajo señala que el caso de Santa Fe debe convertirse en un punto de inflexión para los distintos sectores involucrados con la gestión y la tecnología hídrica y el estudio del clima. “Esta brusca toma de conciencia del sector científico y profesional está llevando a direccionar los estudios hacia las características y consecuencias de este tipo de eventos climáticos extremos, máxime si como se demostró, ellos pueden ocurrir en cualquier zona de la Argentina central y litoral”.

“Es probable que a partir de este evento, en el sector profesional se tomen resguardos más realistas para la estimación de los parámetros de diseño, y a la vez se acelere el desarrollo de métodos para estimar los mismos en el contexto de un clima no estacionario”.

“Es de esperar que como consecuencia de este evento, los datos de los organismos oficiales que ya de por sí, debieran ser públicos, sean más accesibles tanto para la investigación como para los estudios y proyectos de diseño. Finalmente, es probable que se entienda más fácilmente la necesidad de priorizar los estudios de vulnerabilidad al cambio climático, particularmente en el sector hídrico”.

El trabajo advierte que, “aún no está asumido plenamente por la comunidad profesional y, en consecuencia, menos aún por los responsables de la gestión hídrica, el establecimiento de un nuevo régimen pluviométrico/hidrológico a nivel regional”. Razón por la cual, la previsión de estos fenómenos ha estado más ligada a visiones y prédicas diversas, sin que exista un consenso generalizado de cómo enfrentar el tema.

Para los especialistas, el evento de Santa Fe, “ha instalado a nivel nacional la sensación de que, efectivamente, se está frente a una problemática recurrente, potencialmente repetible”.

Analizando distintos aspectos relativos al cambio climático global, el informe señala que la ocurrencia de lluvias extraordinarias como las que desencadenaron la crecida de 2003, puede ser la situación prevalente en las próximas dos décadas. “Es decir, es de esperarse la posible repetición frecuente de eventos extremos de precipitación, con epicentro en cualquier punto de la región. Que el epicentro sea tal que termine afectando a la ciudad de Santa Fe, o cualquier otro punto de la extensa región litoral, pasa a ser un problema probabilística”.

“Lo expuesto conduce a pensar que la situación normal en las próximas décadas habrá de incluir la ocurrencia de eventos extremos de precipitación en la zona húmeda de la Argentina. Lo que no es posible prever, a partir de los pronósticos muy genéricos de los cuáles se dispone actualmente, es dónde será el epicentro, de modo que toda la región es potencialmente vulnerable. Esto implica un gran desafío, ya que deberían plantearse con relativa urgencia planes para alerta y defensa en una vasta cantidad de centros poblados y reparación y ampliación de las obras afectadas”.

En definitiva, las lluvias extraordinarias forman parte de nuestra “normalidad” y no son el resultado de una voluntad divina como pretende Jorge Obeid. Lo que importa saber es como se prepara una ciudad como Santa Fe para manejarlas. Y para esto, las excusas y las promesas incumplidas no son el mejor remedio.

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