miércoles, noviembre 28

DELICIAS DEL LENGUAJE POLÍTICAMENTE (IN)CORRECTO

Con un nivel de escritura a todas luces diferente al de hoy, el periodismo santafesino fue en algún tiempo trinchera de múltiples batallas políticas. Claro, nada nuevo. Pero el uso del idioma y de la imaginación era infinitamente superior al de hoy.

A fines de 1877, se discutían en la provincia las candidaturas a gobernador. El postulante oficial era Simón de Iriondo, que quería repetir.

Estaba sostenida esta postulación por el diario El Santafesino. Se oponía El Orden, que opinaba que Iriondo incitaba a los odios.

El Santafesino le contesta a un artículo calificándolo como lleno de incoherencia, de “chicana absurda y pretenciosa”, “petulancia ridícula y pueril”.

Y trata al articulista de El Orden de “hormiga, gusano miserable que se arrastró entre el lodo; oruga microscópica pegada a las hojas de la historia!”

El diario opositor había dicho que era leal y que amaba al pueblo. Y El Santafesino le contestó que no tenía constancia del inmenso amor al pueblo que predicaba, decía que era “más desconocido o impenetrable que los misterios de Eleusis”.

Pero además, criticaba la manera de escribir del articulista, que había dicho que en el gobierno de Iriondo había “odios funestos”. Le contestó: “Vengamos a esto de los odios de que nos habla esta encantadora sirena, esta preciosísima ave fénix de la política que se nos presenta con su cortejo de ultra-catonianas virtudes a realizar la fábula antigua y desmentir el egoísmo materialista de estos prosaicos tiempos en que vivimos. No es posible tomar a lo serio aquello de que los odios son funestos y odiosos en pueblos que nacen a la vida luchando por la conquista de las instituciones libres. A nadie ha podido ocurrírsele que sus odios sean afables, simpáticos, cariñosos. Decir que los odios son odiosos, es como decir que la libertad es libre, que el patriotismo es patriótico, que la verdad es verdadera, que el desinterés es desinteresado, que la dureza es dura, y por fin, que la impertinencia es impertinente”.

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