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domingo, agosto 3

PAROS DOCENTES: Cuando la huelga se castigaba con la exoneración

Salarios adeudados, la sanción del Presupuesto Educativo y Ley de Escalafón fueron los reclamos no atendidos que provocaron una inédita huelga docente en la provincia de Santa Fe. En 1921 la respuesta del gobierno fue la cesantía de los huelguistas. Los diarios de la ciudad tomaron partido en el conflicto.

El año 1921 fue especialmente conflictivo en toda la provincia de Santa Fe. Atravesado por luchas políticas y sociales, muchas manifestaciones dieron vida a sus calles.

Ese año continuaban las huelgas en La Forestal, salvajemente reprimidas. Se debatió, se aprobó y se vetó una progresista Constitución que, puesta en vigencia 11 años después, le costaría la gobernación a Luciano Molinas. Y fue el año en que también se produjo una sostenida huelga de docentes.

Gobernaba la provincia el Dr. Enrique de las Mercedes Mosca, radical antipersonalista de amplia trayectoria política. Fue diputado nacional en dos oportunidades, interventor de la provincia de Mendoza, presidente del Consejo Nacional de Educación y dos veces candidato a vicepresidente: la primera en 1938 acompañando a Marcelo Torcuato de Alvear y la segunda enfrentando a Juan Domingo Perón, en 1946, cuando secundó a Pedro Tamborini por la Unión Democrática.

Las luchas del ‘21

Las huelgas de los obreros de La Forestal se iniciaron en 1919 y continuaron durante varios años. Para reprimirlas, fue Mosca quien autorizó la creación de la “Gendarmería Volante”, financiada por la empresa pero armada y uniformada por el gobierno provincial. Ese 1921, los gendarmes desaparecieron a los obreros más combativos.

Por otras cuestiones, coloridas manifestaciones recorrieron la ciudad de Santa Fe también ese año. Entre los muchos avances que proponía la Constitución, se eliminó al catolicismo como religión del Estado provincial. Desató, cómo no, la ira de los ciudadanos católicos, azuzados desde los púlpitos por los sacerdotes, según la orden del obispo Juan Agustín Boneo.

De tradición profundamente conservadora, el diario “Nueva Época” dedicó numerosas columnas para fustigar a la Convención Constituyente. “Sin Dios”, se tituló un artículo en el que aseguraba que la Constitución que se debatía, al “expulsar” a Dios de sus páginas, disolvía la sociedad y la patria. Alentaba, además, la rebeldía, el rencor y, por supuesto, al más grande fantasma de entonces: el anarquismo.

Fue Boneo también el que encabezó en abril de 1921 un desfile hacia las puertas de la Legislatura. Según “Nueva Época”, estaba compuesta de mujeres, niños y hombres. “El intelectual junto al campesino, lo más selecto del foro junto al pueblo trabajador, al humilde obrero, los hombres”, todos ellos formando un torrente pacífico de catorce cuadras.

En la plaza San Martín, las Damas Católicas habían levantado y engalanado un altar donde monseñor Boneo dio misa. La imagen de la Virgen de Guadalupe había salido de su santuario después de más de tres lustros, tal era el peligro similar a la última vez que había visto las calles, en la inundación de 1905.

“Una nueva inundación, un nuevo desbordamiento, no de nuestros caudalosos ríos sino de un torrente de ateísmo e impiedad que ha venido formándose al amparo de nuestro descuido, de nuestra desidia, de culpables condescendencias, amenaza hoy arrasarlo todo en el orden religioso y moral y derribar hasta los cimientos del grandioso edificio de cristiana civilización y cultura que levantaron nuestros padres a costa de grandes esfuerzos, de sudores y hasta de su sangre generosa”, dijo el sacerdote.

Se sabe, la Constitución fue vetada para felicidad del pueblo católico santafesino. Mosca lo hizo. Pero había un conflicto más en el que el gobernador sería implacable, porque la rebeldía era algo que no se podía tolerar en la Santa Fe de 1921.

A la huelga

Hasta 14 meses de sueldo se debía a los docentes de la provincia cuando se insinuó la probabilidad de una huelga hacia fines de abril. Para muchos, la sola posibilidad de un paro era inaudita: a los empleados públicos les estaba entonces vedado el derecho a huelga.

Otro elemento conspiraba contra la idea: algunos de los líderes de la Asociación Gremial de Maestros de Santa Fe eran anarquistas.

Frente a la huelga, ayer como hoy, el periodismo tomó partido. Fiel a su tradición, “Nueva Época” utilizó todos los recursos a su mano para disuadir primero y castigar después la decisión de los maestros.

Publicó el 14 de mayo una “Carta de un monitor a los maestros”. “Os preparáis para cerrar las aulas y holgar unos días”, comenzaba.

Es significativa la lectura de algunos de los dardos que se cruzaron desde este periódico a los docentes decididos a “holgazanear” por un lado y a los cabecillas del movimiento por otro. “Por más que os digan que tenéis razón, ciertos pacotilleros de la filosofía, no les creáis. Esos hombres no saben cómo arreglarse frente a los conflictos de la sociedad. Por un lado necesitan comer y buscan entre los elementos conservadores los materiales para organizar la olla. Por otro lado están con los campeones de las reivindicaciones proletarias. Condenados al difícil ejercicio de bailar sobre la maroma, algunos resultan hábiles y los más, tontos. Preciso es ser más tontos que ellos para creerlos”.

El supuesto autor de la carta recordaba a los maestros que era inadmisible que los empleados públicos hicieran paro, no importaban las razones.¿Qué les dicen los miembros del gremio?, les preguntaba: “Que estáis en la más espantosa miseria, sufriendo hambre y desamparo horrendos; que en vuestros domicilios no hay fuego ni luz, y que en fin, si vais a arrojar las disciplinas escolares y hacer un escándalo que abochornará a la provincia y al país entero es porque estáis expuestos a caer en la más abyecta degeneración moral y material. Bien sabéis que todo eso es una monstruosa exageración. Ni vuestra miseria es tanta ni vuestra dignidad ha descendido a tan bajo nivel para que desfiguréis vuestra heroica pobreza o permitáis que la desfiguren los eternos explotadores de multitudes. ¿No comprendéis que os insultan cobardemente al exhibiros como a mendigos derrotados? No es esa la situación del magisterio santafesino por más delicada que sea”.

Los argumentos de este periódico calaron hondo en algunos sectores santafesinos, que aún hoy sostienen fundamentos similares ante una huelga docente: la mentada vocación del maestro y su pretendido deber de heroicidad y pobreza.

Otro de los recursos utilizados por “Nueva Época” continúa siendo hoy empleado por cierta prensa. Dos días después, publicó una “verdadera revelación”. Un anónimo pedagogo les había acercado el listado de algunos de los maestros integrantes de la Asociación de Maestros (“los dirigentes que comunican entusiasmo a los huelguistas, recordándoles a toda hora lo que se les debe y no se les paga”) que estaban “satisfechos de su suerte”. A la mayoría no se les debía nada, decía.

Dionisio J. Campos, por ejemplo, había cobrado todo el año 1919, febrero y marzo de 1920. Mercedes Chávez debía estar absolutamente complacida: había percibido todo 1919, excepto abril y enero, además de febrero y abril de 1920. Antonio Ucha, reconocido anarquista, tenía en sus bolsillos todo 1919 y de enero a abril de 1920. Y la lista continúa, sin tener necesidad de recordar que se estaba transitando el mes de mayo de 1921.

Muchos maestros, aseguraba el diario, aplauden a los líderes del movimiento creyendo que unía “el mismo dolor material y la misma preocupación”. Sin embargo, claro estaba que se quejaban de llenos…

Otro de los muchos medios para desacreditar el reclamo fue la crítica al rol de la mujer en el conflicto. Una cosa es una manifestación “pacífica” como la que se describió arriba, en la que las “damas” acompañaban a sus esposos y adornaban altares y otra muy distinta era una protesta donde se echaba por la borda el decoro de la mujer.

A fines de ese mes, puso acento en el desorden que se había producido en una asamblea en la Universidad de la que habían participado algunas maestras que habían expresado “interjecciones agraviantes para todo lo que tiene de respetable la gracia y debilidad del sexo”.

Deploraba “Nueva Época” “el triste corolario de sus incursiones por el campo de las actividades masculinas”. “Si ya es una verdadera aberración que la mujer, rindiendo tributo a las tendencias anárquicas desencadenadas contra las instituciones públicas, abandone la escuela y haga causa común con los elementos de revuelta que quieren disolverla, vergüenza y muy grande resulta que no conforme con ello se lance a la vía pública y a los cenáculos estudiantiles. En esta época de licencias espirituales, obstinadas en echar abajo los tabiques que separan los sexos, puede ser mucho exigir que la compañera de nuestra existencia renuncie a algunos derechos civiles y hasta políticos. Lo que no será nunca temerario pedirle es que vele por su propio respeto, defendiendo un decoro que no es sólo suyo, pues pertenece por ley de condominte moral al esposo, a los hermanos, y a los hijos…”.

Bien distinta era la postura que el diario “Santa Fe” asumió en esta coyuntura. Frente a la probabilidad de la huelga, destacaba de los maestros “su cultura y su consideración por la enseñanza”, al haber establecido plazos para sus reivindicaciones antes de declararla.

“Piden los maestros algo que no puede discutirse, porque es justo de toda justicia. Piden que se les abonen los haberes atrasados, que sea sancionado el Presupuesto para evitar irregularidades administrativas futuras y, por último, que sea sancionado el proyecto de Ley de Escalafón. Su petitorio ha de ser reconocido por la opinión honrada y sincera”, resaltaba.

Pese a asumirse contrario a una huelga del magisterio, el “Santa Fe” calificó: “Humanamente, la acción a emprender de los maestros no puede objetarse”. Les asistía la razón porque “han sufrido mucho y están sufriendo; sus circunstancias económicas son de una pobreza franciscana y hasta su moral se encuentra disminuida en un noventa por ciento. Pues que, ¿no significa un dolor verse relegado a último término, trabajar, trabajar y trabajar, sin percibir con regularidad la remuneración de su trabajo? Sí, esto significa un dolor y de los más grandes y de los más injustos que darse pudiera”.

Informó el periódico que tras los 14 meses de deuda salarial, muchos “educacionistas” habían tenido que recurrir a medios “muchas veces repugnantes” para poder sobrevivir. Estaban en un estado manifiesto de pobreza y a punto de perder la dignidad.

Con el correr de los días, la simpatía de este diario dirigido por don Salvador Espinosa hacia la docencia se acrecentó.

“No simulemos, no neguemos la evidencia. Los maestros tienen razón para ir a la huelga; no pueden seguir soportando la horrible miseria en que viven. Esto lo sabe todo el mundo. Pedir disciplina y respeto a la jerarquía cuando los estómagos están vacíos, es cruel; hablar de derechos codificados, de obligaciones profesionales y de espíritu de sacrificio cuando no se puede encender fuego en miles de hogares, cuando hay que mendigar el miserable mendrugo para simular vivir, es una burla sangrienta. Solicitar esperas cuando la necesidad aprieta sus férreas garras en las gargantas es sarcásticamente inhumano. Proferir amenazas contra las víctimas de todas las desidias, de todas las indiferencias y de todos los olvidos, cuando la negra visión del dolor y del hambre llama a las puertas para introducir la prostitución de las almas y los cuerpos es simplemente cobarde”, objetaba tanto frente al gobierno como a “Nueva Época”.

“Santa Fe” brinda además sus columnas a los huelguistas para contrarrestar los ataques del diario conservador. Antonio Ucha, en nombre de los maestros y maestras aseguraba haber resistido las afrentas hasta ya no soportarlo. Ucha defendió en una carta el decoro de sus compañeras y desecha, por falsa, la información acerca del cobro de salarios por parte de los gremialistas. Aunque si así hubiera sido, dice, “no cabe en el espíritu de nuestros detractores la idea de que haya seres capaces de preocuparse de cosas en las cuales no tengan un beneficio material inmediato… ¿Cómo van ellos a sentir las palpitaciones de esa espiritualidad ideológica cuando según la propia confesión de uno de sus redactores cobran hasta las noticias de los viajeros? Tanto mis compañeros de comité como yo estamos en esta emergencia jugando el pan de nuestros hijos, los que somos padres y todos la tranquilidad de nuestros hogares y algunos veinte años de su laboriosa carrera profesional”.

Ya en junio, volvió Ucha a publicar sus notas en forma de carta en el “Santa Fe”. “Hay un diario matutino que tiene la virtud de andar con el paso cambiado y el acierto de estar a favor de las malas causas. Si ese diario apoya una sola de mis acciones, mi espíritu no podría estar seguro de su honradez; empezaría yo por dudar de mí y hasta el sueño me resultaría intranquilo. Y es tan verdadero lo que digo, que se me antoja creer que el título del referido diario está mal dado, porque debiera llamarse algo así como ‘Vieja Época’, por lo rancio de sus conceptos y su espíritu colonial”.

Es que no sólo era atacado por anarquista sino también por “extranjero”. Ucha había nacido en La Coruña y llegado al país contando con 12 años. “Eso no me ofende”, aseguraba. “El país se está engrandeciendo debido al concurso de las actividades de todos los habitantes que en él se han radicado”.

El diario de Espinosa dio cuenta también en sus páginas de las persecuciones policiales de que eran objeto algunos huelguistas en toda la provincia y de las miserias que padecían los maestros en su vida cotidiana.

La resolución drástica de Mosca

Fueron varias y de diverso tono las medidas adoptadas por el gobierno para terminar con la huelga.

Haciendo punta con el “incentivo docente”, envió a la Legislatura una ley imponiendo impuestos a los alcoholes y al tabaco. También dejando marcas en la historia, que retomaría décadas después Jorge Obeid, envió circulares a las escuelas pidiendo se remitieran al Consejo de Educación las planillas de asistencia de los maestros.

Pero la medida más drástica, y que nadie se atrevió aún a desempolvar, fue tomada el 12 de junio. Fueron exonerados todos los docentes que habían participado del reclamo y que una vez sancionada la Ley de Impuestos no retomaron inmediatamente sus tareas.

Aquí, nuevamente, las posiciones periodísticas fueron radicalmente opuestas.

“Nueva Época” saludó la resolución y, aunque pide piedad para algunos, se burla de los dirigentes gremiales que habían solicitado un “armisticio”: “El temor de perder los puestos les hizo enfriar repentinamente el entusiasmo para la resistencia y aceptan sin beneficio de inventario lo que hasta hace pocas horas rechazaban con espléndida energía”. Y publicó, durante más de diez días, los nombres de los cesantes y exigió celeridad al gobierno para reemplazarlos.

“Santa Fe”, por su parte, señalaba que Mosca había demostrado “estar animado para con los maestros de un espíritu de injusticia que nosotros no sospechábamos”. “Los maestros en huelga, los que todo lo han conseguido con el caluroso entusiasmo de su romanticismo quijotesco y la virilidad de su acción, son expulsados de los templos de la educación, a latigazos como los fariseos, por el solo delito de haber pedido ¡justicia!...”.

Destacó, además, su poco tacto y hombría: “¡Triste gloria la alcanzada por el gobernador de la provincia, por esa energía que hace su mayor número de víctimas en el sexo femenino!”.

De estas luchas gremiales santafesinas quedaron algunos nombres en las ajadas páginas de la historia: Raimundo Juan Peña, amigo personal de Mosca, fue declarado cesante. Se dedicó entonces a labrar la tierra. Se le ofreció, en octubre de 1921, el cargo de director General de Educación Física. Lo rechazó: “No he de aceptar el cargo más insignificante hasta que el último maestro huelguista quede reincorporado”. Murió poco después. En el lugar donde nació, entonces campiña, hoy se levanta la escuela que lleva su nombre.

Antonio Ucha fue uno de los primeros en ser exonerado. Salvador Espinosa lo acogió en su diario y durante muchos años integró la redacción del diario “Santa Fe”.

Fueron muchas las mujeres cesantes que algunos años después fueron parte del nuevo gremio docente, AMSAFE, fundado en 1928: Carmen Báez, Julia García, Josefa López, Marta Samatán (primera presidenta del gremio e incansable luchadora por los derechos femeninos), Margarita Lucero, Justina Pérez (esposa de Peña).

Fuentes:

Luciano Alonso: Mujeres militantes en la historia del gremialismo docente. En: Guillermo Ríos (comp.): La cita secreta. Santa Fe, Ediciones AMSAFE, 2007.

Diarios “Nueva Época” y “Santa Fe”. Abril – julio de 1921.

Diego Abad de Santillán: Gran Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe. Santa Fe, Ediar, 1967

Publicado en la edición de julio de la revista Entre Líneas.

miércoles, abril 23

ELOGIO DE LA OLIGARQUÍA

¡Qué increíbles conclusiones habría sacado un observatorio de medios en Santa Fe en 1921! Ni qué decir de un “contra-D’Elía”, que defendía sin rubores a la oligarquía patricia de nuestra ciudad, en lugar de ocultarse tras la "libertad de prensa" como hoy. Qué tiempos aquellos… Algunos "sincericidios" valen la pena.

Ya he publicado ya algunos de los furibundos ataques que el diario Nueva Época realizaba a todo lo que tuviera olor radical. Los ejemplos más fuertes fueron en las revoluciones de 1893 y en las elecciones ganadas por ese partido en 1912.

Pasados casi diez años, y con el radicalismo aún en el poder, el periódico no se resignaba. En 1921 publicó un editorial titulado “Cotejos”, un claro homenaje a la añorada oligarquía.

“Sabían defender la posición a que llegaban a golpes de puños o a golpes de ala pero sabían también abandonarla apenas una levísima sombra venía a proyectarse sobre la bruñida lámina de acero de sus caracteres. De superiores a inferiores, de arriba abajo, de abajo a arriba no era menester más que una cosquilla para la resolución del brinco y para la determinación de aquellas caídas históricas que en vez de hundir levantaban a los hombres acentuando las líneas de sus relieves morales”.

Unos angelitos, los representantes del patriciado santafesino jamás tenían “interés de conservar los puestos. Los tiraban sin actitudes teatrales, fría y serenamente, sin alentar en el espíritu la idea de una especulación con los accidentes fortuitos que les permitieran reintegrarse al usufructo de la cosa perdida. No había simulación en los gestos ni artilugios en la exteriorización de la hombría”.

Inclusive, Nueva Época justificaba la falta de democracia de aquellos días: “Fueron tiempos aquellos en que el pueblo, a falta de libertad para el ejercicio de sus derechos, la tenía de sobra para saludar con respeto, la miseria material de los hombres que caían defendiendo su integridad”.

Para este periódico, “los regeneradores de hoy han resultado los mismos oligarcas de ayer, pero sin las condiciones de carácter que a aquellos los distinguían y con las que supieron, funcionarios de todas las categorías, salvar en cualquier situación sus reputaciones personales”.

Añoranzas, se llama, de un diario que nació y se hizo fuerte e influyente mientras la oligarquía santafesina manejaba los destinos de la provincia.

domingo, abril 6

EL PEÓN RURAL

Para evitar huelgas y sus consecuencias, nada mejor que dar a los trabajadores algo de lo que quieren. Era el pedido del diario Santa Fe en 1914 para los peones rurales de la provincia. La dirigencia política santafesina debía hacer algo urgente para mejorarles la vida, señalaba.

En el reciente lock out del campo, se dieron a conocer escalofriantes datos acerca de la situación laboral de los trabajadores del sector. Esto tiene mucha historia.

En 1914 el diario Santa Fe publicaba un editorial consignando que “las pocas disposiciones favorables al proletario que existen en el código rural de la provincia” eran, desde siempre, “letra muerta para las autoridades policiales de los departamentos”.

Continuamente llegaban a la redacción del periódico los “lamentos lastimeros de la infeliz masa obrera de los obrajes del norte y de las peonadas rurales criollas, sometidas a un régimen de bárbara esclavitud social”.

La miseria de los salarios estaba agravada con el régimen de los vales y los almacenes o proveedurías. Decía el Santa Fe: “Dentro de los grandes latifundios que como botín de conquista explotan colosales empresas, desaparecen no sólo los principios de libertad y justicia, sino también los de humanidad más elementales; sin que hasta hoy los poderes públicos hayan advertido que conspiran contra la propia riqueza provincial, al permitir que se maltrate y quiebre el principal instrumento que elabora el obrero criollo”.

Para el periódico, había una clara diferencia en el espíritu de los trabajadores rurales argentinos y extranjeros. “Si en vez de ser criolla la mayoría de las peonadas obrajeras, fuese extranjera, las huelgas con todo su séquito de trastornos generales, hubiesen logrado alguna vez llamar la atención de los gobernantes”. Las huelgas, señalaba, siempre habían llevado a conquistas, aunque también a la violencia.

Y sin embargo, reclama el diario, los legisladores jamás se habían ocupado de investigar las condiciones de trabajo en los establecimientos rurales y forestales de la provincia. Si lo hubiera hecho alguno de ellos “no es posible suponer que silenciara los inicuos abusos constatados y que dejase la legislación en vigor sin un capítulo que garantizara a los mártires del industrialismo los derechos del fruto legítimo de su trabajo”.

Clamaba el Santa Fe por una intervención en serio de la dirigencia, porque si no, decía, el movimiento obrero sería imparable.

Se organizarían unos pocos años después los obreros del norte santafesino, pero la dirigencia política santafesina había tomado partido, para variar, por los patrones.

viernes, marzo 7

EL VOTO FEMENINO

En 1932 se discutieron en el Congreso Nacional dos leyes que finalmente no lograron pasar el filtro del Senado: los derechos políticos de la mujer y el divorcio. El diario Santa Fe encuestó a mujeres de la ciudad con distintas actividades: señoras de su casa, maestras y artistas. Desde el rechazo absoluto para dejar a la mujer en el hogar, pasando por la negativa a aceptar la dádiva por ser tal, hasta la aceptación sin reservas son las variadas opiniones de las santafesinas.

Más opiniones en Historias Colaterales

“¿Qué opina Ud. del voto femenino? Una interesante encuesta entre las damas santafesinas”, es el invariable título que encabeza durantes varios días de septiembre y octubre de 1932 los dictámenes de las mujeres en el diario Santa Fe.

Se discutían dos proyectos de envergadura en la cámara de diputados de la nación: la ley del divorcio, y el sufragio femenino. Ambos fueron aprobados en la cámara baja, y durmieron varias décadas en los despachos del senado.

La chilena, naturalizada argentina, Marta Samatan tuvo destacada actuación en la ciudad. Obtuvo su título de abogada en 1927 y un año después fundó y presidió la Asociación del Magisterio de Santa Fe. Su opinión:

Está ampliamente demostrado que no existen razones valederas para negar a la mujer el ejercicio de los derechos políticos… Pero como ya lo he afirmado en otra oportunidad, el voto femenino es sólo un medio para alcanzar realizaciones que benefician a la humanidad. El voto en sí no significa gran cosa si las mujeres no se deciden a pensar que es necesario interesarse por los grandes problemas mundiales.

Una señorita que se negó terminantemente a dar su nombre y permiso para ser fotografiada, se mostró absolutamente desinteresada en el voto. Era imposible que las mujeres pudieran arreglar lo hecho por el hombre.

No me interesa en absoluto el voto. Los hombres lo han hecho todo tan mal, que desespero que nosotras podamos llegar a enmendar todos los yerros cometidos por los políticos.

En el mismo sentido, Julia García coincidió en el diagnóstico de la anónima señorita. El desbarajuste social y político se debe exclusivamente a los hombres. Cuando se dieron cuenta de su obra, quieren que las mujeres se hagan cómplices…

Ni nos entusiasma ni nos seduce esa perspectiva. Por otra parte es un poco tarde. El sufragio femenino no puede mejorar un instrumento y un método político que sólo se sostiene por la fuerza. Convencida de que la mujer vale tanto como el hombre, pero no más, creo que la ayuda de la mujer para el sostenimiento del armazón de la sociedad presente, no producirá ningún milagro.

La actriz Delfina Jaufret aduce no estar interesada “para nada” en los derechos políticos de la mujer: el arte ocupa toda su vida, dice.

Dudo que la mujer pueda actuar con éxito en la política, al menos por ahora. A mí me basta con el arte al cual dedico toda mi actividad y mi entusiasmo. Después del arte, el hogar. En él tiene la mujer todavía un amplio campo de acción que quizás no ha sabido aprovechar, para ejercer sobre el hombre la influencia benéfica de sus sentimientos, más refinados, más puros…

Otra actriz, Mademoiselle Delia Col, desconfía de las capacidades de sus congéneres, aunque desea fervientemente el divorcio:

El voto no creo que pueda interesarle a la mujer. Tenemos demasiadas cosas de que ocuparnos y generalmente comprendemos demasiado poco todos esos problemas graves que sólo resuelve la política. Comprendo que los problemas de orden general puedan interesar a la mujer, pero no considero que el voto le sea indispensable. Sin embargo el divorcio es una necesidad imperiosa aquí y en todas partes donde la mujer se respete a sí misma. Tenemos perfecto derecho a nuestra felicidad y no sería humano que un viejo prejuicio, como el del matrimonio indisoluble, nos privara a las mujeres rehacer nuestra vida, otorgando la libertad en justa reciprocidad, al causante de nuestra desdicha.

Las opiniones son muchísimas, y no podía faltar la de una mujer de familias patricias. La señora Carola F. de Barreto es descripta por el Santa Fe como sostenedora de un hogar tradicional, de viejos patriotas.

En mi evangelio, que predico sin cesar, tengo esta fórmula, que constituye un centro de gravedad: la mujer para el hogar y el hombre para el comité. Leo mucho, señor, y se me ha quedado gravada la figura retórica de un conferencista español, cuyo nombre no recuerdo en este momento, que es todo un principio de moralidad social, en la que proclamaba la virtud de la mujer dentro de su casa. Yo poseo las joyas, mis hijitos a que hacia referencia dicho conferencista, que son demasiado pesadas para lucirlas en las asambleas políticas. Por otra parte, por razones de orden fisiológico, la igualdad de la mujer con el hombre, no es otra cosa que una simple ingenuidad de los feministas. Imagínese señor, que en determinada circunstancia nos tome una lluvia por cumplir con nuestros deberes cívicos…?

Lamentablemente, el cronista no reparó en preguntar a la señora Barreto acerca de los alcances de los resfríos en la Santa Fe de 1932. De todos modos, debe tomarse nota de que no todas las mujeres estaban incapacitadas para votar, según la patricia:

Con todo, convengo en que se dicte una ley, con el voto calificado otorgado exclusivamente para las solteronas que pasen de los cuarenta y cinco años. El hogar es un santuario, señor, que la mujer no debe abandonar jamás. Lamento que el Congreso de nuestro país se ocupe de cosas que no tienen la importancia de los problemas más trascendentales, a cuyo estudio debiera abocarse de inmediato para salvarnos de la ruina y del hambre. En cuanto al divorcio, no puedo menos que expresarle el desagrado que ese proyecto inspira a todas las personas, que como yo han sabido mantener la felicidad y el equilibrio en el hogar. No necesita la mujer el divorcio. No debe aceptarlo.

Con las galerías de la Cámara de Diputados de la Nación repletas de mujeres, ese 1932, se aprobó el sufragio universal y obligatorio para ellas. El Senado de la Nación dejó dormir el proyecto en la Comisión de Asuntos Constitucionales y, se sabe, pasarían 15 años más para que se viera consagrado el derecho. En cuanto al divorcio, siguió el mismo camino que el anterior: aprobado en diputados, se quedó en senadores y sobre finales del segundo gobierno peronista, tuvo una breve vigencia, para cerrar esta larga historia recién en 1987.

domingo, marzo 2

UN CASO DE CANIBALISMO EN SANTA FE

Sucedió en una isla del departamento Garay en 1936. El caníbal fue trasladado a Santa Fe y luego a un hospicio de alienados en Buenos Aires. El diario El Orden realizó una sensacional cobertura de uno de los casos más truculentos de la historia criminal santafesina.

¡Existe el hombre malo que se come a los chicos! ¡Cocinó y comió a una criatura de once años!”, es el sensacional título que aparece en portada del diario El Orden el 22 de mayo de 1936.

Además del título, el despliegue periodístico de la información recuerda mucho a la forma en que trabajaba este tipo de casos el diario Crítica: la mayor parte de la noticia es relatada por el periodista que pudo entrevistar a Aparicio Garay, el criminal, y así lo testimonia una fotografía.

Un día antes de ese titular, en página 6, el diario impacta con grandes letras: “¿Un antropófago en Helvecia?”, y un breve anticipo de la información, que no había podido desarrollarse por haber cerrado las oficinas telegráficas poco antes de conocido el sucesos.

La edición del 22 de mayo es sensacional: en varias páginas, y con una gran profusión de fotografías, se cuenta que Garay había secuestrado, asesinado y luego devorado a un chico en una isla cercana a Helvecia. Hacia allí fue el cronista y describió al criminal así: “Se abre la puerta y aparece un hombrecito insignificante, descalzo, con un saco azul sobre las carnes y unas bombachas curtidas por el agua y el uso. El cabello entrecano, revuelto y desordenado; los labios secos y prominentes en algunos gestos; abultados y groseros en otros; la mirada escurridiza y a ratos incisiva”.

Garay le relató a El Orden que el chico había ido con él por voluntad propia y que pasado un tiempo quiso irse. Él lo persuadió: “Vea compañerito… usted no puede dejarme. Hemos salido juntos, usted es mi compañerito, debemos seguir juntos. Cómo me va a dejar solo?”

Se quedó unos días, pero una mañana lo vio en una canoa, yéndose. Garay dijo que la voz del “horario” le dijo que lo fuera a buscar, y él tomó su fusil, le apuntó y le disparó a la cabeza.

“¿Qué es eso del “horario”?, le preguntó el cronista. “El horario es mi Dios”, contestó. “Él manda, yo soy su sirviente. Manda a todos los hombres. En el horario, están las horas. Las horas son el tiempo. Es la vida de los hombres. Sin el horario no hay vida. El horario me dijo: ¡no lo dejes ir!... Y yo no lo dejé ir. Qué podía hacer? Yo soy un sirviente”.

La historia del horror recién comienza. Cuando Garay rescató al cuerpito de las aguas, “el horario” le dijo que tenía que comer. Y él lo hizo. “Primero lo abrí… Con el machete. Lo limpié bien. Yo sé cortar. Aprendí en el hospital (…). Limpié bien los huesos. Primero los iba a guardar, para trabajarlos. Lindos huesitos. Hubiera hecho unas fichas. Pero por dentro no servían. Eran esponjosos. Entonces los tiré al río. Y la carne la colgué. Hice ganchitos y colgué la carne de la enramada cerca del rancho”.

Como si fuera poco, el cronista le sigue preguntando: ¿qué comió, cuánto comió? Aparicio Garay dijo que no toda la carne es buena, pero que además había comido con miedo, porque “uno se envicia. Come y después siempre quiere comer”. Hizo asado, frió otros pedazos y luego, con derritió la grasa e hizo aceite.

A la policía le dio algunos detalles más: “La cabeza la herví… los sesos no se podían comer y se los di a los perros. Pero las carnes eran buenas”.

En los días siguientes, Aparicio Garay, el nombre con el que se lo identifica, pues carecía de documentos, es trasladado a Santa Fe. El Orden se dedica entonces a intentar comprender el caso: en otros tiempos, se hubiera dicho que estaba poseído por un demonio y destinado a la hoguera, marca; pero hoy, el caso pertenece a la ciencia. Es verdaderamente notable la forma en que el cronista analiza los retazos de la vida de un hombre buscando entender cómo se llega a la locura para llegar a la conclusión de que “en contacto con hombres y en un medio normal, se hubiera corregido”.

Ante el juez Salvador Dana Montaño, Garay repite casi las mismas palabras que ante el cronista de El Orden. Sin embargo, aún queda por esclarecer el modo en que murió el niño, ya que existe, además de la versión del criminal, la hipótesis de que había sido degollado.

Algunos meses después, en octubre, el magistrado dicta su sentencia: “Es un sujeto senil, con delirios sistematizados, cuya evolución no puede precisarse”. El dictamen es sobreseimiento, pero ordenando la reclusión de Aparicio Garay en el Hospicio Las Mercedes de Capital Federal, por carecer Santa Fe de un establecimiento adecuado.

Hacia allí fue trasladado Garay. La última noticia que se tuvo de él fue en octubre de 1938, cuando asesinó a un compañero porque este no lo dejaba dormir.

miércoles, febrero 27

EL "NEGOCIO" DE LA POBREZA

El “negocio de la mendicidad” preocupa a muchos comunicadores: “pidiendo ganan más que yo, con mis lícitas actividades”, han dicho sin sonrojarse algunos. Otros, azuzan a la resentida y alicaída clase media con declamaciones y enojos acerca del destino del dinero que reciben. Un artículo para desmentir la pobreza de los pobres santafesinos.

“Mío es el mundo como el aire libre… otros trabajan porque coma yo…”, es el título de una nota aparecida en el diario Nueva Época en la década del 20. Se trata de un artículo en donde se pretendía desmentir la pobreza de los pobres santafesinos.

Decía que “la plaga de la mendicidad callejera” había evolucionado hacia una actividad legal. “Actualmente el pordioserismo en Santa Fe es un comercio tan bien organizado o quizás mejor organizado que el del ramo de especies comestibles”.

Los mendigos de ambos sexos no imploran la caridad pública. La exigen como un diezmo que las gentes duras o blandas de corazón deben oblar si no se quieren evitar un mal rato.

—Necesito comer, señor, me estoy cayendo de debilidad, dice un sujeto que viste un buen saco montañac con ribetes de trencilla negra y calza unos excelentes botines de elásticos.

La frase, adecuada a los tiempos, se escuchó no hace mucho: “son pobres pero se compran zapatillas que yo ni me puedo comprar”.

Nótese además con qué éxtasis describe el periódico la reacción de la “buena gente” y cuáles eran sus esperables reacciones, que son modificadas para evitar un mal momento: “El interpelado mira al postulante con abiertos deseos de pegarle, pero hay gente, se intimida pensando en el espectáculo que armará aquel si le niega un tributo y, en vez de un garrotazo le da una moneda. El mendigo saca su monedero, coloca allí la pieza cobrada, enciende un pitillo encerando la extremidad de que debe chupar, con el fósforo y se pierde entre una nube de humo y otra nube de admiración”.

Los ejemplos abundaban, y así lo escribe Nueva Época, el gran portavoz del patriciado santafesino.

—Señor, 50 centavos para un remedio de mi hijito. El individuo es una buena persona y no cabe la menor duda de que hará una obra de bien. ¡Qué fácil le es, sin sacrificio ninguno, quitar su dolorosa preocupación de esa mamá afligida pagar el precio de un laxante que volverá los colores y la alegría al pobre niño, tendido según se lo imagina, allá en el oscuro ángulo de un habitáculo, con las manitas cruzadas sobre el pecho y los ojos devorados por la fiebre.

El caballero ha abierto su portamoneda y el rostro de la mujer se ha iluminado. Pero hete aquí que cuando todo va a terminar con un bello acto de generosidad, la señora en desgracia habla al benefactor con un tono inusitado y de súbito, como quien dispara un tiro sin aviso previo, le cierra un ojo.

El señor experimenta la sensación de un calofrío que le corriera por la espina dorsal, le tiemblan las piernas y se pierde o se salva, según sea de flaca o de estoica su moralidad.

Nueva Época sugería poner fin a tamaña afrenta: “El gobierno, si por los medios que tiene a su alcance no consigue disminuir las legiones de traficantes de la sociedad, debe ir pensando al menos en gravar el comercio de la mendicidad con un fuerte impuesto ya que la situación de ese gremio es notoriamente desahogada”.

martes, febrero 19

¿NEGOCIOS PERSONALES?

Las decisiones tomadas por un intendente suelen provocar el enojo de los vecinos y la reacción, muchas veces interesada, de sus portavoces en los medios de comunicación. Y por ellos, también, se deslizan sospechas acerca de los negocios del Lord Mayor de la Ciudad con los conflictos generados en ella.

¡Qué enojado estaba el diario Santa Fe en noviembre de 1920! No se estaba efectuando el servicio de barrido de las calles porque la intendencia no cumplía el contrato con la empresa concesionaria.

Para este periódico, el del radical Pedro Gómez Cello era un gobierno que perseguía sin miramientos a los evasores, pero que incumplía constantemente sus obligaciones.

Ella puede si quiere no cumplir sus compromisos, pero ¡ay de aquel y de aquellos que no los cumplan con la municipalidad! ¡Qué aberración! La intendencia es un poder soberano, algo así como un poder despótico. Ella dicta la ley, aunque sea en contra del sentido común y de los intereses del pueblo, es decir, de la ciudad. Ella cobra por vía de apremio, pero si se le antoja no paga a nadie. Cobradora lo es en un sentido que no tiene rival; pagadora no.

Analizaba la situación como aberrante. Pocos días antes había habido una huelga de obreros de esa empresa, lo que no le parecía mal al periódico (una rara avis entre los reaccionarios diarios de la época). Pero por falta de pago de la intendencia, la concesionaria los había despedido a todos. “La ciudad no puede permanecer ni un día, ni una hora sin ese servicio, como no puede el propio intendente dejar de mudarse de ropa interior dos o tres veces a la semana. La limpieza está por sobre todas las cosas, como está la higiene por sobre toda ponderación”. (Nota: ¿dos o tres veces por semana? ¿En noviembre? ¿En Santa Fe, aunque sea 1920?)

Y deslizaba una sospecha: El intendente doctor Gómez Cello, era médico y si la situación sanitaria continuaba agravándose…

lunes, febrero 18

OTRA AUDITORÍA

El primer informe de sindicatura que ordenó la Municipalidad arrojó algunas sorpresas. Mucho tiempo atrás, cada intendente dejaba a su sucesor un completísimo inventario del patrimonio.

En el siglo XIX era práctica obligada por ley que cada intendente que finalizara su mandato realizara un inventario de las existencias de la municipalidad y la presentara a su sucesor.

En 1873, el ejecutivo cesante dejaba para sus sucesores una campana de cristal, un candelero de latón, dos serruchos, uno de los cuales estaba en mal estado, un carro fúnebre, con su correspondiente correa, todo nuevo y en condiciones, se aclaraba, con dos juegos de cortinas, una azul y otra negra.

También era propiedad municipal una silla bastante usada, una llave del cementerio de San Antonio y 39 mulas.

Entre otras cosas más, la municipalidad contaba ese año con seis escaleras de pino para encender faroles, 208 faroles con sus hierros, lámparas y fibras correspondientes, 78 bancos de pinos para la plaza principal, estando 16 de ellos en mal estado.

Como si fuera poco, la descripción incluía también una regla fina, dos sillas extendibles, tres mochilas de lata y siete linternas de kerosene, todas ellas en mal estado.

miércoles, febrero 6

CARNAVALES SANTAFESINOS

Las crónicas de los carnavales santafesinos de 1900 traen algunas particularidades. Además del lenguaje cargado de metáforas casi irrisorias, y de la descripción de los festejos de la alta sociedad, el pueblo “raso”, también festejaba, aunque con incidentes. Trámites para poder usar disfraces.

El carnaval es una de las fiestas más antiguas de la humanidad. Es una fiesta de orígenes paganos, relacionados al culto al dios del vino, Baco y que, de a poco, se fue arraigando en la tradición cristiana. Santa Fe era una ciudad muy religiosa y durante mucho tiempo, los días de carnaval eran feriados y había grandes festejos.

Tras el primer carnaval del siglo XX, el diario Nueva Época realizó su obligada crónica.

No le gustó a ese periódico cómo se había festejado ese 1900.

“Faltó entusiasmo en los festejos de carnaval; hubo ausencia completa de animación, pero con todo logramos proporcionar al pueblo algunos momentos de alegría, que en algo habrán compensado sus infinitas amarguras” escribía un periodista.

La proclamada decadencia del carnaval es notoria; apenas queda el recuerdo del bullicioso alborozo con que en otros años se celebró. Las gentes se mostraron desganadas –el retraimiento general se hizo visible lo mismo en el corso que en las calles, muy especialmente el primer día.

El corso había tenido un trayecto demasiado extenso (nueve cuadras), aunque la iluminación había sido irreprochable:

espléndidas las combinaciones de luces multicolores que formaban los inmensos arcos distribuidos con perfecto acierto en todo el recorrido. No hubo otro adorno. Los balcones engalanados podían contarse con los dedos de las manos y los palcos apenas alcanzaron a siete, incluso el del Club del Orden, en el que se congregaron muchas de nuestras familias distinguidas.

Menos mal, algo es algo.

La crónica de Nueva Época, utiliza un lenguaje “florido” imposible, para bien o para mal, de encontrar en los periódicos actuales.

Por ejemplo, en la segunda noche de festejos, llovió. Y así lo publica el diario:

El corso se iniciaba con marcada animación, pero a eso de las diez a las nubes se les ocurrió ponerse de duelo obligando la lluvia fina y persistente a retirarse por intervalos a la mayor parte de las familias.

Después se dedica a realizar la crónica del baile organizado en el Club del Orden. Luego de describir minuciosamente el vestuario de las damas santafesinas, salió el sol y había que volver a los hogares. Y así describe ese momento el diario:

Hacía ya una hora que el rubio Febo había asomado su brillante cabellera en el oriente, cuando se dieron cuenta que era necesario salir de ese éxtasis en que se vivía volviendo a la realidad de la vida; principiaron a desfilar por la alfombrada escalera las dichosas parejas y el salón un momento antes tan lleno de luces, bullicio y alegría quedó sumido en la oscuridad y en el silencio.

El pueblo carnavalero

Más allá de los copetudos, también el pueblo raso festejaba.

En el año 1900 se habían expedido 311 permisos de disfraz, aunque no todos fueron utilizados.

Ese año el pueblo “ha sabido guardar admirable compostura”, explicaba el diario Nueva Época.

No abusó de las franquicias de que gozaba ni produjo acto alguno censurable. El juego con agua se hizo con moderación en todas las secciones fuera del corso en que era tolerado por las autoridades. La conducta de la policía ha sido también correctísima.

Pero hubo un incidente. Una mujer, Paulina de Milani, quemó con caldo hirviendo al niño de 10 años Casimiro Leyes. El delito de Casimiro, el “rapazuelo”, según el diario, había sido permitirse “el lujo de arrojarle un balde con agua”.

Controlados

Esto de los permisos de disfraz tenía un par de décadas. Fue en 1877 cuando el gobierno de la provincia debió dictar un decreto para que nadie se pasara de la raya.

Ese año, se iban a festejar los carnavales los días 11, 12 y 13 de febrero; por eso el 24 de enero se publicó la norma que decía que únicamente si podían usar pomos y bombas, pero no echar “aguas corrompidas o fétidas”.

Se podía usar disfraz, claro, pero antes se tenía que sacar un permiso en la jefatura policial; luego debía exhibirse una tarjeta que indicara la autorización. Se cuidaban mucho las formas por entonces: se prohibía terminantemente usar disfraces que representaran al clero.

Únicamente podían usarse disfraces o jugar con agua desde las 2 de la tarde y hasta que terminaran los bailes de máscaras, que debían hacerse con conocimiento de la policía.

Santa Fe atravesaba difíciles momentos políticos, y apenas un mes más tarde, se desataría una revolución que intentaría derrocar al gobernador. Los movimientos no habrán sido desconocidos por la policía, que además prohibió que los disfraces llevaran armas como accesorio, ni siquiera en caso de que los trajes las requirieran.

martes, enero 29

QUÉ HACER CON LOS BORRACHOS EN SANTA FE

La ebriedad es un problema de los santafesinos desde hace siglos. Ya en tiempos de la colonia era de preocupación para las autoridades. En la década del 30 provocaba hilarantes reflexiones. También era el motivo de crímenes o confesiones. Hoy continúa siendo un asunto de difícil resolución. En 2008, se publican los nombres de quienes se conducen con “extrema gravedad”, entre los que se encuentran quienes manejan en estado de ebriedad. Pero ¿qué hacer con los borrachos santafesinos que dan un feo espectáculo?

En estos días de múltiples controles, especialmente a los conductores, vale la pena recordar lo que sucedía en 1927 en nuestra ciudad cuando un policía debía llevar a una persona ebria a la comisaría.

El diario El Orden estaba muy preocupado por el feo espectáculo que se daba en esa circunstancia.

“Un vigilante, a veces dos o tres, forcejeando, arrastrando a tirones a un infeliz beodo, es un espectáculo denigrante. Espectáculo hemos dicho y no otra cosa que exhibicionismo de un hombre, y peor si es una mujer, convertido en un ente irracional que las más de las veces vocifera obscenidades, seguido el mísero cortejo por una caterva de chiquillos que por inconciencia o por mala inclinación hallan un incentivo para sus instintos en la indignidad del cuadro que ofrece la víctima de las tabernas”, decía.

Además, el público en lugar de dar vuelta la cara, ¡miraba!, y muy pocos de ellos recapacitaban sobre las consecuencias para la sociedad de beber.

“Hemos señalado el mal y trataremos de indicar ahora el remedio”, manifestaba El Orden. “Creemos que éste no requiere ni grandes gastos ni ofrece dificultades insalvables. Si los camiones celulares con que cuenta la policía no pueden ser distraídos con el fin de conducir los ebrios detenidos a las comisarías, o son ellos insuficientes, es necesario que se dote a la repartición de otros dos vehículos de esa clase, más chicos”.

“Debe ahorrarse al público y en especial a los niños el cuadro de miseria moral que ofrece un desgraciado arrastrado por los vigilantes, insultando a personas, instituciones y a veces hasta a la misma madre”, concluye.

domingo, enero 6

EL GRAN INVENTO DE NUESTRO TIEMPO

Así calificó José Arcadio Buendía al hielo. En Santa Fe (tan parecida a veces a Macondo) dos empresarios, hace más de 100 años, lograron darle más consistencia al hielo, una ventaja “para todas las clases”.

Cómo no recordar, antes de iniciar esta historia, la frase con que se abre “Cien años de soledad”: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

En 1902, mucho más lejos (o quizás tan cerca) del Macondo de García Márquez, un periódico santafesino se hacía eco de una gran noticia: los empresarios santafesinos habían logrado darle más consistencia al hielo.

“Este artículo de consumo obligado en la estación en que entramos, queda desde ahora al alcance de todas las clases, merced a la liberalidad de los industriales que lo elaboran. Aparte de la baratura se ha conseguido otra ventaja, darle mayor consistencia que nunca, lo cual importa una economía apreciable para las casas que hacen mayor consumo. Los señores Zerbini y Croppi ya tienen una cantidad considerable de barras a disposición de su numerosa clientela. Un simple aviso telefónico bastará para que se satisfaga en el acto cualquier pedido”.

Abaratamiento y solidez prometían dos empresarios, Santiago Croppi y Alquiles Zerbini, este último gerente de la sucursal de las bodegas y cervecería La Germania.

Ambos, habían acordado un mismo precio para el salvador refrescante y conservante: 1$ las barras de 21 a 22 Kg. y 0.60 por las barras chicas de 11 a 12 kg.

("Al ser destapado por el gigante, el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar:

—Es el diamante más grande del mundo.

—No —corrigió el gitano—. Es hielo.

José Arcadio Buendía, sin entender, extendió la mano hacia el témpano, pero el gigante se la apartó. “Cinco reales más para tocarlo”, dijo. José Arcadio Buendía los pagó, y entonces puso la mano sobre el hielo, y la mantuvo puesta por varios minutos, mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto con el misterio. Sin saber qué decir, pago otros diez reales para que sus hijos vivieran la prodigiosa experiencia. El pequeño José Arcadio se negó a tocarlo. Aureliano, en cambio, dio un paso hacia delante, puso la mano y la retiró en el acto. “Está hirviendo”, exclamó asustado. Pero su padre no le prestó atención. Embriagado por la evidencia del prodigio, en aquel momento se olvidó de la frustración de sus empresas delirantes y del cuerpo de Melquíades abandonado al apetito de los calamares. Pagó otros cinco reales, y con la mano puesta en el témpano, como expresando un testimonio sobre el texto sagrado, exclamó:

—Este es el gran invento de nuestro tiempo".)

jueves, enero 3

ARDE LA CIUDAD

En 1931 Santa Fe se derretía al sol. Pero había personas que estaban obligadas a llevar saco y corbata, atentamente vigilados por la policía.

“¿Quién no estará de acuerdo en que Santa Fe arde como una enorme hoguera? Hasta el ventilador, recalentado arde de calor. Todo lo que nos rodea huele a plomo hirviente, a sed, a desesperación”, dice una crónica que suena a conocida, repetida y hasta deprimente, si no fuera porque fue escrita en enero de 1931.

“¿Cómo entonces, no dar un vistazo al espectáculo panorámico, asfixiante, tremebundo e impresionante, de miles de personas que se disuelvan en sudor y lamentos y sin embargo van vestidos como si estuviésemos en pleno invierno?”, se preguntaba el diario Santa Fe.

“Llevan saco, generalmente cruzado; botines de cuero grueso; cuello que asoma hasta el extremo de los pabellones de las orejas; sombrero pesado, etc. parece que nadie pretende desahogarse, aliviar la bestial carga que en verano tiene el peso imaginario de una locomotora”. Es que, dice el periódico, “quien se atreva a andar sin el saco, prenda inútil que los sastres, a fuer de comerciantes han hecho imprescindible, será pasible de una multa o sanción más grave. Y la cosa era en serio”.

“Aunque pese en el alma y en el cuerpo, han debido enterarse que la moral también está entronizada en el saco”, reflexionaba. Y describía un par de situaciones: “En muchas playas y balnearios, la policía –que no lleva chaquetilla porque hace excesivo calor- vigila que nadie circule o se estacione sin saco. Mientras tanto las bañistas deleitan los ojos con el grato espectáculo en formas audaces y con la exhibición de artísticos encantos corporales. De modo que ahora es el hombre quien tiene la moral, a través de las formas. Cuando con mostrar el cuello y la manga de la camisa que las damas se ruborizan!”, señala.

La reflexión con que termina la nota es: “Detente calor! Detente moral! O en su defecto este pueblo culto y bondadoso es capaz de andar con el saco en la mano…”

domingo, diciembre 30

BIABA EN VERSO

El alcohol y la violencia suelen ser una pareja perfecta. A diario las crónicas periodísticas lo reflejan. Pero hace varias décadas, y sin llegar al dramatismo de la actualidad, el periodismo solía mostrar a estas realidades con otro estilo…

Durante 1931, el diario Santa Fe contenía una sección llamada “Acuarela rantifusa”, firmada por “Figarito” y que se dedicaba a contar notas de color, en general policiales, en verso y con humor.

“Se la dieron a la gallega”, es una acuarela que describe un altercado entre la dueña de un cafetín y un borracho.

Cayó al cafetín Quiroz

Como decimos, en tranca,

Y gritó:

-¡Che, galleguita,

A ver, servime una caña!

-No pué zé, mi cabayero,

Ustez ya ha pasao la raya.

-¿La qué?... dejate de broma,

Vamos a seguir la farra.

Son los primeros versos. Continúa diciendo “La gallega” que no le iba a servir la caña, por temor a la multa de la policía. “Para usted no hay nada”, le dice.

El hombre le contesta:

-¡Qué no va a haber, rantifusa!

¡Y quien te mira la traza

Para dártelas d’estrecha,

Como si no te “manyara”!

-Pa icirtelo más claro:

Nadie el respeto me falta,

Cuantimás cuando m’encuentro

Con tó derecho en mi casa,

De donde saldrá ya mismo

O si no llamaré a un guardia.

Y el hombre, Dionisio Quiróz, contestó:

-Me gustás, pues no sos chueca

Y caminás con las tabas,

Pero como a mí ninguno

M’echa, aunque sea una gaita

Barajá este trompo en l’uña

Y miralo como baila.

Y ahí se armó:

Empezó una feroz biaba

Poniéndole a la gallega

Overa negra la cara

Afeitándole las mechas

Con sus certeras trompadas.

¡Si unos clientes no intervienen

Seguro la descalabra!

Al rato no más cayeron

Al ruido de las castañas

Dos vigilantes grandotes

A preguntar qué pasaba.

La historia que relata Figarito termina diciendo:

Y el guapo Quiroz salió

Del brazo de los dos canas

Rumbo a la comisaría

De infantería reforzada

Mientras tanto la Pilar

Cinco litros preparaba

De salmuera para hacerse

Las curas en las que es práctica

¡Si sabrá lo que es sopapo!

jueves, diciembre 20

VENGANZAS FEMENINAS

El despecho de una mujer en Corrientes metió en apuro a seis congéneres en estos días. ¿Cómo se vengaban las mujeres cuando no había Internet? Después de esta historia, bendita la tecnología.

“Dominada por el odio se armó y agredió la hombre que la había amado no ha mucho”, es el título de una nota policial del diario El Orden en 1930.

“Es la historia de siempre”, reflexiona: “Dos enamorados que creen entenderse, que hacen promesas y después, al cabo de un tiempo, comienzan las diferencias porque ya ha existido mucha intimidad”.

Los protagonistas del hecho eran la señorita Josefa Silva, de 17 años y José Bastín, de 24. “Dicen que hace días la menor Silva recibió una noticia que le causó impresión. Se le decía que su novio la dejaría, que ya se había cansado de ella. Y recordó las promesas hechas en momentos de ilusiones”.

“Ella entendía que el hombre se había burlado de ella y que no debía continuar las relaciones, pero, eso sí, él debía darle una explicación”, dice la crónica.

Y los hechos son relatados así: “Ayer por la mañana llegó al domicilio de la menor Silva, Bastín. Estaban de acuerdo para entrevistarse. Eran entonces las 10 y 10 de la mañana. Hablaron un buen rato. Todo hace creer que ella recriminó su conducta a Bastín. Este se habría resuelto a dar por terminadas las relaciones. Eso la llenó de odio, le dio coraje y la menor se resolvió a todo. Después de una disputa cuando Bastín intentó retirarse, Josefa Silva, desenfundando un cuchillo, lo atacó. Le hundió el arma, produciéndole tres heridas”.

En el momento de que llegaba la autoridad policial ella “estaba presa de una agresividad suma”. Se oyeron las palabras “No se va a burlar de mí…”.

La conclusión del diario: “Ello nos demuestra lo que puede la mujer cuando se ve dominada por el odio cuando se cree ofendida, víctima de una burla que no se olvida”.

domingo, diciembre 16

EL HUEVO DE LA SERPIENTE

La designación de Agustín Bassó como jefe de los fiscales santafesinos tuvo al momento de su entrevista con los legisladores algunas expresiones cuanto menos desafortunadas, que retrotraen la mirada hacia la historia reciente del Poder Judicial de la provincia.
Cuando se entrevistaba con los legisladores en septiembre último, el flamante Procurador de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia tuvo al menos dos expresiones que dejaron boquiabiertos a muchos, excepto a los legisladores. Ni oficialistas ni opositores repreguntaron y parecieron no asombrarse. Pocos días antes, la diputada Alicia Gutiérrez había publicado una nota de opinión cuestionando justamente su pasado como juez de la última dictadura y posibles vínculos con la derecha peronista de los 70.

Cuando el diputado Aldo Strada lo interrogó sobre este tema, introduciendo la pregunta acerca de su amistad con Víctor Hermes Brusa, respondió: “No soy amigo del doctor Brusa”. Y agregó, brutalmente: “Aunque sea me gustaría que me den el Falcon verde para salir a secuestrar gente, porque con mi auto no voy a salir, porque ya han dicho que integraba los grupos de tareas. Yo creo que se están confundiendo de persona... (…) No soy yo. Se equivocan, por eso voy a reclamar el Falcon verde para salir en el grupo de tareas...”

La otra frase que increíblemente pasó desapercibida ante los asambleístas fue: “Todos juramos por lo que se nos pone adelante”, dijo Agustín Bassó. Aludía sin ponerse colorado a su asunción como juez de Primera Instancia del Crimen en Melincué, el 12 de abril de 1978. Bajo su mano no estaba la Constitución, sino el Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional que regía las decisiones de la dictadura más sanguinaria de nuestro país.

La provincia de Santa Fe tiene una historia, poco difundida, acerca de la subordinación de los jueces a cualquier libro que se les ponga adelante, sea o no la Constitución. Algunos de los actores de lo que sucedió hace casi 40 años son los mismos que formaron parte este año del gobierno que propuso como jefe de los fiscales a un hombre que renegó de la Carta Magna.

Un paréntesis para la Constitución

En junio de 1968 todo el país estaba convulsionado. Santa Fe no era la excepción. A punto de cumplirse dos años de la “Revolución Argentina”, se acercaba otro aniversario que ponía en tensión al gobierno ejecutor de la “Noche de los Bastones Largos”. En Santa Fe y Rosario se preparaban actos conmemorativos al cincuentenario de la Reforma Universitaria.

La policía rosarina, a cargo del comandante mayor de Gendarmería (R) Abel Horacio Verdaguer emitió una prohibición para los actos, acatando órdenes de autoridades locales y nacionales. En la ciudad del sur, la Comisión de Homenaje decidió apelar la medida. Encontró un juez que sin necesidad de meditar demasiado recordó que no estaba vigente el estado de sitio, por lo que dio curso favorable al recurso de amparo y ofició a la Policía Provincial.

El juez en lo Civil y Comercial Raúl Gardella fue desoído; los integrantes de la Comisión, que contaba entre sus miembros a uno de los firmantes del Manifiesto Liminar, fueron increpados por la policía. El juez se dirigió al lugar para aclararle a la policía que el acto estaba autorizado. Como respuesta, se le dijo que había “órdenes superiores”. El Dr. Gardella insistió, y se produjeron incidentes con detenidos y heridos. Decidió labrar un acta, teniendo como testigos, además de sus funcionarios judiciales, a los doctores Oscar Borgonovo, Alberto Natale y Rafael Martínez Raymonda.

Otra comisión, también en Rosario, preparaba otro acto que, aunque había sido prohibido, igualmente estaba amparado por otro juez, en este caso el Dr. Armando Frávega.

El magistrado se allegó hasta el lugar con el fiscal y su secretaria: las mismas respuestas, pero con incidentes más graves. Un agente policial agredió al fiscal y fue detenido por orden del juez.

Frávega no habrá salido de su asombro. Caminó unos metros y se encontró con el joven vicepresidente del Colegio de Abogados de Rosario, el Dr. Roberto Rosúa, designado por la institución para velar por el cumplimiento del acto. Rosúa se comunicó telefónicamente con el Dr. Virgilio Sánchez Almeyra, integrante de la Corte Suprema de Justicia santafesina. El juez se dio por enterado.

El lunes 17 de junio la Corte emitió una acordada avalando lo resuelto por los magistrados Gardella y Frávega, ya que “aún para el supuesto extremo de que lo ordenado fuera contra derecho, los magistrados son responsables en otro ámbito de lo que deciden, sin que quepa discutirles ni el alcance de sus resoluciones ni la oportunidad de ellas, y menos su legalidad”.

Con este resguardo, los dos jueces impusieron arresto a varios funcionarios policiales por la “gravísima índole de la desobediencia en que incurrieron”. El comandante Verdaguer fue castigado con 15 días de arresto y el comisario Alfredo Bagli con 14.

Verdaguer resistió. Difundió un comunicado en el que se sentaba sobre su posición: se sometía, decía, al Estatuto Revolucionario, no a la Constitución, porque de ella “han surgido entes extraños, como extremismos, etcétera, que se ciernen amenazadoramente sobre la existencia del país; el Estatuto es el paréntesis necesario para contrarrestarlos”

En la capital provincial los incidentes se producían. Hubo detenidos, entre ellos Carlos Narvaja, secretario general del Centro de Estudiantes de Derecho, Carlos Contín y Marcelo Stubrin, tras varias asambleas en las facultades de Ciencias Jurídicas e Ingeniería Química y el Instituto del Profesorado Básico.

Mientras el gobierno a cargo del contralmirante Eladio Modesto Vázquez rumiaba las apelaciones a las decisiones de Frávega y Gardella, y designaba nuevo Ministro de Gobierno, a nivel nacional se tomaban medidas más drásticas, quizás el huevo de la serpiente del actual Poder Judicial Santafesino.

A través de una “ley”, la 17.782, el gobierno de la “Revolución Argentina” intervino al Poder Judicial de Santa Fe. Los fundamentos estuvieron a cargo del ministro del Interior Guillermo Borda y decían:

El pueblo de la República ha visto con estupor que dos jueces de la provincia de Santa Fe, después de hacer lugar a un recurso de amparo destinado a posibilitar la realización de un acto prohibido por el Poder Ejecutivo, se pusieron al frente de una manifestación inequívocamente política, no sólo por sus finalidades, sino también por las personas que la encabezaban (…). Si bien el respeto por la independencia del Poder Judicial es el basamento ineludible del estado de derecho, no es menos cierto que tal respeto sólo es debido en orden a las atribuciones propias de dicho poder. Si, por el contrario, este pretende inmiscuirse en lo que son atributos de los otros poderes del Estado, éstos tienen el deber constitucional de impedir tales excesos. Pues no hay que confundir independencia del Poder Judicial, con gobierno de los jueces (…). En ningún momento podría el Poder Ejecutivo declinar su esencial atributo de mantener el orden; mucho menos podría hacerlo en momentos como el presente, en que muchos países son sacudidos por una ola de violencia instrumentada por minorías extremistas, que persiguen la disolución y la anarquía (…). Si sólo se tratara de una actitud aislada de los aludidos magistrados, el problema debía haberse resuelto por la vía normal de su enjuiciamiento. Pero ha existido otro hecho más grave aún; la Suprema Corte provincial, lejos de condenar la reprobable conducta, la ha apoyado con una declaración pública realmente insólita, pues los tribunales de justicia no pueden hacer manifestaciones respecto del derecho que asiste a quienes se encuentran en conflicto, sino en el expediente en el cual la cuestión está planteada y en el momento de dictar sentencia. Pero el aludido tribunal, en lugar de esperar las actuaciones que debían llegarle por vía de apelación, ha hecho, fuera del expediente, una declaración que además de importar un juzgamiento, tiene un significado político evidente

Los integrantes de la Corte Suprema de Justicia renunciaron en masa. Los doctores Raúl Sala, José Pérez Martín, Virgilio Sánchez Almeyra y Roque Sanguinetti, junto al procurador Rodolfo Giavedoni presentaron su dimisión al gobernador. El Dr. Juan Carlos Mas, integrante del Tribunal Colegiado de Juicio Oral también lo hizo, indicando que no podía convalidar con su permanencia “el inaudito atropello de que ha sido objeto el Poder Judicial de mi provincia”. Algunos otros jueces decidieron también alejarse. No fueron muchos.

Los Colegios de Abogados de Santa Fe y Rosario objetaron la medida y advirtieron a sus colegiados que no debían litigar ante los Tribunales “cuyos titulares hayan sido designados, aunque sea por ascenso, por el interventor del Poder Judicial”, el Dr. Darío Sarachaga. Otro grupo de abogados conminó a que ninguno de ellos aceptara designación en el nuevo esquema judicial, ya que incurrirían “en grave falta ética profesional”.

Las honrosas renuncias fueron rápidamente contrarrestadas con nuevas designaciones y las reubicaciones y ascensos de personajes como Carlos Giannone, José Larquía, Adolfo Alvarado Velloso, Eduardo Adad, Raúl Álvarez y Ricardo Ríos Ortiz. El 1º de agosto el nuevo presidente de la Corte, Julio Argentino Casas les tomó juramento, pero no por la Constitución Nacional, sino por ese “paréntesis” tan claramente definido por Verdaguer.

Olvidos

“Todos juramos por lo que se nos pone adelante”, dijo Bassó sin recordar que un par suyo, renunció cuando una dictadura, ayudada por su policía, subordinó al Poder Judicial y cuando de sus colegas, que habían transitado las mismas aulas que él transitaba en esos momentos, dejaron sus puestos avergonzados ante el avasallamiento.

Roberto Rosúa, olvidó también advertirle al gobernador Jorge Obeid, que propuso al nuevo procurador, la vehemencia con que actuó en aquellos días de 1968, cuando estaba seguro que no era obligación jurar por cualquier cosa que estuviera debajo de la mano.

Para ampliar datos acerca de la intervención al Poder Judicial de Santa Fe remitirse a “El Litoral, 30 años después. Sangre, dinero y dignidad”, de Carlos Del Frade (Rosario, 2006) y a la obra digital “Un debate histórico inconcluso en América Latina (1600-2000)"